Miles de personas salieron a las calles de varias ciudades de Irán para manifestar su respaldo al Gobierno islamista, en respuesta a la ola de protestas antigubernamentales que comenzó el 28 de diciembre en Mashad y se extendió rápidamente por todo el país.
Las movilizaciones opositoras se originaron tras el anuncio de recortes en el presupuesto nacional, que afectaron programas de bienestar social.
Por otro lado, las instituciones religiosas y revolucionarias recibieron más fondos.
Al menos 21 personas murieron durante los enfrentamientos y cerca de 1.000 manifestantes fueron arrestados, algunos de los cuales podrían enfrentar la pena de muerte.
El líder supremo, Ayatolá Ali Jamenei, acusó a los “enemigos externos” de estar detrás de los disturbios y responsabilizó a Estados Unidos e Israel de fomentar la inestabilidad.
En respuesta, el régimen convocó a manifestaciones de apoyo en distintas ciudades.
Se escucharon consignas como: “¡Muerte a Estados Unidos, muerte a Israel!”.
Los participantes pidieron el fin de las protestas contra el Gobierno y defendieron los valores de la Revolución Islámica.
El jefe de los Guardianes de la Revolución, general Mohamad Ali Jafari, declaró el “fin de la sedición”, asegurando que las concentraciones opositoras no superaron las 15.000 personas en todo el país.
Reacciones internacionales
Nikki Haley, embajadora de EE.UU. ante la ONU, calificó de absurdas las acusaciones del régimen y afirmó que las manifestaciones eran “espontáneas” y presentes “en prácticamente cada ciudad”.
El presidente turco Recep Tayyip Erdogan pidió respeto a la ley pero reconoció el derecho a protestar pacíficamente.
En tanto el francés Emmanuel Macron expresó preocupación por las víctimas y pidió moderación, lo que llevó a cancelar la visita del canciller Jean-Yves Drian a Teherán.
Donald Trump prometió “gran apoyo” al pueblo iraní “en el momento adecuado”, en un mensaje publicado en redes sociales.

