La República Islámica atraviesa su mayor crisis política y social desde 2022.
Las protestas iniciadas el 28 de diciembre por el aumento de precios y la crisis económica derivaron rápidamente en un movimiento masivo contra el régimen de Ali Khamenei, dejando hasta el momento 538 muertos y más de 10.600 detenidos, según organizaciones de derechos humanos.
Las manifestaciones, lideradas en gran parte por jóvenes y mujeres, se extendieron a más de un centenar de ciudades.
El gesto de quemar el velo (hiyab) se convirtió en símbolo de resistencia cultural y política, mientras las fuerzas de seguridad respondieron con una represión que incluyó escenas de cuerpos arrastrados en las calles y un apagón de internet para bloquear la circulación de información.

La televisión estatal calificó a los manifestantes como “terroristas armados”, mientras que el Parlamento iraní advirtió que, si Estados Unidos cumple con las amenazas de intervención militar lanzadas por el presidente Donald Trump, las bases norteamericanas y el territorio israelí serán considerados “objetivos legítimos”.
Trump, por su parte, reiteró que no permanecerá indiferente ante la represión y evalúa distintas opciones:
- Sanciones ampliadas
- Operaciones cibernéticas
- Ataques militares
La tensión internacional se suma a la crisis interna, en un escenario que combina reclamos económicos (por inflación, apagones y crisis hídrica) con demandas políticas y sociales que cuestionan el modelo teocrático instaurado tras la revolución de 1979.
La magnitud de las muertes y detenciones convierte a estas protestas en un fenómeno sin precedentes en los últimos años, con un nivel de violencia estatal que preocupa a la comunidad internacional y que podría derivar en un conflicto de escala regional.

