Un miércoles trágico sacudió al norte de Colombia tras confirmarse el siniestro de un avión de la empresa Searca, que prestaba servicios para la estatal Satena.
La aeronave, con 13 pasajeros y 2 tripulantes, se precipitó cerca de la frontera con Venezuela y fue hallada por campesinos en una zona de difícil acceso.
El secretario de Seguridad departamental, Jorge Quintero, confirmó que no hubo sobrevivientes: “No nos dan reporte de ninguna persona viva”.
El impacto fue de tal magnitud que la estructura del avión quedó completamente destruida.
La operación de recuperación de los cuerpos enfrenta grandes dificultades.
Además de la geografía escarpada, la zona está bajo influencia de guerrillas del ELN y disidencias de las FARC.
Esto obliga al Ejército y a la Fuerza Aérea a desplegar operativos con estrictas medidas de seguridad para proteger a los equipos de socorro.
La Aeronáutica Civil informó que la baliza de emergencia del avión nunca se activó, lo que retrasó el rastreo inicial y obligó a depender del avistamiento de los lugareños.
Se conformó un equipo de especialistas para investigar las causas del accidente.
Mientras tanto, los familiares de las víctimas permanecen en los aeropuertos de origen a la espera de la identificación formal de los restos.

