El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán desató una alerta global en el mercado energético.
La República Islámica produce alrededor de 3,3 millones de barriles diarios, lo que representa el 3% de la producción mundial, y es el cuarto mayor productor de la OPEP.
Más allá de su volumen de producción, Irán ejerce una influencia decisiva por su ubicación en el Estrecho de Ormuz, paso marítimo por el que transita una quinta parte del crudo mundial.
Teherán ya inició un cierre temporal del estrecho como represalia, lo que amenaza con interrumpir exportaciones de petróleo y gas de Arabia Saudita, Irak, Kuwait y Catar.
Expertos advierten que si la capacidad de producción iraní se ve afectada, el precio del Brent podría escalar hasta los 100 dólares por barril, un incremento del 37% respecto al último cierre
La OPEP+ evalúa aumentar la oferta para contener la crisis, mientras China —principal comprador del crudo iraní— observa con preocupación el desenlace.
En el pasado, Irán ha recurrido a ataques contra infraestructura energética regional y al hostigamiento de buques en el Golfo Pérsico.
Aunque analistas consideran improbable que pueda mantener cerrado Ormuz por mucho tiempo, sí se esperan acciones de menor impacto como el acoso marítimo o el uso de minas.

