En un movimiento que marca un punto de inflexión en el conflicto de Medio Oriente, Francia, Alemania y Gran Bretaña anunciaron su disposición a colaborar con Estados Unidos en acciones militares destinadas a frenar los ataques de represalia de Irán.
La declaración conjunta de Emmanuel Macron, Friedrich Merz y Keir Starmer expresó “consternación por los imprudentes ataques iraníes” y confirmó el apoyo europeo a Washington.
El giro resulta significativo: apenas 24 horas antes, Francia había calificado la operación de EE. UU. e Israel como “ilegal y peligrosa”, mientras que Londres se negaba a ceder sus bases militares.
Sin embargo, el ataque con drones iraníes contra una base francesa en Abu Dabi precipitó la decisión de Macron de redesplegar el portaaviones Charles de Gaulle hacia el Mediterráneo Oriental.
En paralelo, el Reino Unido autorizó el uso de la base estratégica de Diego García para bombarderos estadounidenses y desplegó aviones en el Golfo Pérsico
La ofensiva iraní generó una crisis logística y humanitaria:
- Evacuaciones masivas: más de 94.000 británicos solicitaron asistencia consular, con 50.000 residentes en Dubái.
- Aeropuertos cerrados: Dubái y Abu Dabi permanecen inoperativos, obligando a planificar rutas terrestres hacia Arabia Saudita.
- Bloqueo comercial: 60 navíos franceses quedaron atrapados en el Golfo Pérsico, lo que podría forzar desvíos costosos por el Cabo de Buena Esperanza.
El documento conjunto advierte que las potencias europeas tomarán “las medidas necesarias” para destruir la capacidad ofensiva de Irán.
Desde Washington, el presidente Donald Trump anticipó que las operaciones militares podrían extenderse por al menos cuatro semanas más, mientras se mantiene la consigna de que los residentes extranjeros en Emiratos, Baréin, Catar e Israel permanezcan en sus hogares a la espera de una salida segura.

