Lo que debía ser un regreso a las aulas el lunes 2 de marzo de 2026, finalmente no será tal en gran parte de la Provincia de Buenos Aires. Ante la falta de un acuerdo salarial con el gobierno provincial, los sindicatos docentes confirmaron un paro nacional que postergará el inicio efectivo de clases al martes 3 de marzo, y encendió nuevamente la alarma sobre las condiciones de trabajo, salarios y salud laboral del sector educativo.
La decisión de un paro justo en la fecha de inicio del ciclo lectivo surge como respuesta a una oferta que los gremios consideran inadecuada e insuficiente frente a la inflación real y a las necesidades de docentes, directores y trabajadores escolares.
Oferta insuficiente y reclamo de paritarias
La propuesta salarial del gobierno de la Provincia —que incluye solo un porcentaje adicional menor frente a la inflación acumulada— fue rechazada por la mayoría de los sindicatos docentes. Desde el Frente de Unidad Docente Bonaerense (FEB, SUTEBA, AMET, SADOP y UDOCBA) sostienen que la oferta “no se acerca a una recomposición real” y que deja a los docentes con poder adquisitivo deteriorado.
Esto obliga a muchos docentes, incluso a quienes ocupan cargos de directores o jefaturas educativas, a complementar sus ingresos con trabajos adicionales fuera del horario escolar solo para llegar a fin de mes.
La realidad detrás del cargo directivo
Dirigir una escuela no es solamente estar en el establecimiento: implica trabajo administrativo, permanente contacto con familias, planificación educativa, resolución de conflictos, gestión de personal y representación institucional, tareas que se realizan muchas veces fuera del horario formal de trabajo.
Sumado a ello, la necesidad de enfrentar:
- largas jornadas de trabajo,
- preparación de clases y evaluaciones,
- reuniones con familias y equipos educativos,
- capacitación continua,
hace que el rol de director sea uno de los más exigentes dentro del sistema, tanto en términos de carga laboral como de responsabilidad.
Salud mental en riesgo
Un aspecto que suele quedar fuera de los titulares es el impacto que todo esto tiene en la salud mental de los docentes. En un contexto de salarios que no alcanzan, profesores y directivos se ven ante la presión de tener que:
- buscar ingresos complementarios,
- cumplir múltiples roles laborales,
- lidiar con condiciones de trabajo estresantes,
- sostener la calidad educativa en condiciones adversas.
La combinación de largas jornadas, falta de descanso adecuado, inseguridad económica y múltiples demandas emocionales —especialmente en roles de conducción— agrava el desgaste emocional y la salud mental del personal educativo.
Un problema estructural
Más allá de debates sectoriales, el conflicto docente revela problemas profundos y estructurales:
- Salarios y recomposición insuficientes: desde hace años la docencia viene perdiendo contra la inflación, situación que se traduce en necesidad de trabajos extras para sostener ingresos.
- Carga laboral elevada: el mandato legal de cumplir con tareas dentro y fuera de las aulas supera ampliamente la jornada formal.
- Reconocimiento profesional: muchos reclaman un reconocimiento real al rol docente y directivo, no solo en palabras sino en condiciones salariales, cargas horarias y acompañamiento institucional.
- Salud y bienestar: el desgaste físico y emocional no puede seguir siendo ignorado en la discusión.
El inicio del ciclo lectivo, en debate
Mientras la Provincia y los gremios discuten cifras y cláusulas paritarias, la realidad en las escuelas es que muchos docentes esperan respuestas que les permitan volver a las aulas sin tener que elegir entre educación y subsistencia.
En este contexto, el inicio del ciclo el 3 de marzo dejará un mensaje claro: el sistema educativo provincial no puede comenzar mientras quienes lo sostienen no ven garantizada una recomposición salarial y mejores condiciones laborales que les permitan ejercer con dignidad, estabilidad y salud.

