Según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio, se registraron al menos 227 ataques motivados por orientación sexual o identidad de género, lo que representa un incremento del 62% respecto al año anterior. La cifra equivale a un crimen cada 38 horas y es la más alta desde que el organismo comenzó a funcionar hace una década.
El informe señala que la mayoría de los perpetradores fueron integrantes de fuerzas de seguridad y desconocidos que actuaron en la vía pública, con los golpes como modalidad más frecuente.
La violencia institucional se multiplicó: de 17 casos en 2024 se pasó a 64 en 2025, con episodios graves en comisarías y cárceles. El 32% de los crímenes ocurrieron en esos ámbitos, lo que expone al propio Estado como agente de daño.
Las víctimas más afectadas fueron mujeres trans y travestis, que concentraron el 62,5% de los casos. Les siguieron varones gays (22%), varones trans (18 casos, frente a 5 en 2024), lesbianas y personas no binarias. El informe también advierte sobre muertes por violencia estructural, asesinatos y suicidios, reflejando un escenario de extrema vulnerabilidad.
La Federación Argentina LGBT vinculó el aumento con la legitimación de discursos de odio y la regresión de derechos. “En pocos años prácticamente se duplicaron los crímenes de odio en nuestro país”, expresó la activista María Rachid.


