La cooperativa SanCor Cooperativas Unidas Limitada (CUL) solicitó formalmente su quiebra ante la Justicia de Rafaela, tras más de un año en concurso preventivo y con una deuda que asciende a 120 millones de dólares.
La decisión se precipitó ante la imposibilidad de cumplir con el pago a más de 1.500 acreedores y la falta de inversores interesados en un salvataje.
Según el gremio Atilra, la empresa se sostenía “con el patrimonio de los trabajadores”, quienes acumulan ocho meses de salarios y aguinaldos impagos.
SanCor pasó de procesar 4 millones de litros diarios a menos de 500.000, reduciendo su plantilla de 4.000 a menos de 1.000 empleados. El cierre refleja una crisis estructural del sistema productivo nacional, marcada por presión impositiva, costos logísticos dolarizados y caída del consumo interno. El plan de pagos propuesto resultó inviable sin nuevos socios estratégicos, que nunca llegaron.
La decisión de solicitar la quiebra había sido impulsada por Atilra en septiembre de 2025, cuando los afiliados votaron elevar el reclamo a la Justicia.
Desde el gremio señalaron que el pedido “no agrega ni quita nada”.
Definieron la situación como el inicio de una “nueva etapa”, asegurando que la marca SanCor deberá “volver a florecer” con el impulso de los trabajadores.
Fundada en 1938, SanCor nació como la unión de cooperativas de Santa Fe y Córdoba, convirtiéndose en motor de desarrollo regional.
No solo produjo lácteos, también impulsó la electrificación rural, creó SanCor Seguros y el Banco Rural, y formó técnicos destacados. Durante décadas fue símbolo del cooperativismo argentino.
Hace dos décadas, la empresa ya atravesaba una crisis profunda. En 2006, el entonces presidente Néstor Kirchner gestionó un salvataje con un crédito de 135 millones de dólares otorgado por Venezuela, que permitió sostener la producción por un tiempo. Sin embargo, desde 2017 la agonía se profundizó con cierres de plantas, venta de marcas y fracasos en intentos de rescate.
Durante los gobiernos de Mauricio Macri y Javier Milei, la postura oficial fue de distancia, sin gestiones de créditos ni avales. Los intentos de fideicomiso en la gestión de Alberto Fernández también fracasaron. Hoy, con solo seis plantas en funcionamiento y una deuda millonaria, SanCor enfrenta el final de un ciclo que marcó la historia de la industria láctea argentina.

