La comunidad conservacionista de Argentina y Brasil atraviesa horas de profunda tristeza tras confirmarse la muerte de Kenya, la última elefanta africana que permanecía en cautiverio en el país y que había sido trasladada en julio al Santuario Global de Elefantes, en Mato Grosso.
La noticia fue comunicada por el propio santuario, que informó que la elefanta venía atravesando molestias físicas en los últimos días.
Kenya tenía 44 años y había pasado más de cuatro décadas en el exZoo de Mendoza, hoy Ecoparque.
Su traslado, realizado en un operativo histórico de casi 3.600 kilómetros, había marcado el final de la presencia de elefantes en cautiverio en Argentina.
Los últimos días de Kenya en el santuario
Según detalló el Santuario Global de Elefantes, Kenya había presentado dificultades para descansar y molestias físicas que estaban siendo monitoreadas por el equipo veterinario.
Durante la noche previa a su muerte, permaneció acompañada por cuidadores que la asistieron y le dieron espacio para descansar.
El santuario describió que, en sus últimas horas, Kenya se mostró tranquila y respirando con mayor calma. Finalmente, falleció de manera rápida y serena, según el comunicado oficial.
La institución confirmó que se realizará una necropsia para determinar la causa de muerte, cuyos resultados podrían demorar varios meses.

En su mensaje de despedida, el santuario destacó el impacto emocional que Kenya generó en miles de personas:
“Pocas veces un elefante ha estado rodeado de tanto amor. Su espíritu seguirá presente en cada rincón del santuario”.
El equipo también recordó su personalidad curiosa, sus movimientos característicos y la conexión que logró con cuidadores y visitantes.
La historia de Kenya
Kenya había llegado al santuario el 7 de julio de 2025, tras un operativo de cinco días que involucró a veterinarios, cuidadores, técnicos y especialistas en bienestar animal.
Su partida significó un hito: Argentina se convirtió en un país sin elefantes en cautiverio, un objetivo impulsado durante años por organizaciones de protección animal.
El viaje se realizó en una caja de transporte especialmente diseñada, con monitoreo permanente y paradas programadas para garantizar su bienestar.
La elefanta había llegado a Mendoza en 1985, procedente de un zoológico alemán, cuando tenía apenas cuatro años.
Pasó gran parte de su vida en soledad, una condición que afectó su comportamiento y salud, como ocurre con muchos animales privados de libertad.
Su traslado al santuario fue celebrado como una reparación histórica y un paso fundamental hacia un modelo de conservación más respetuoso.
El santuario informó que Kenya será despedida en un espacio especialmente preparado junto a Pupy, otra elefanta que vivió allí.

