España volvió a quedar sacudida por graves accidentes ferroviarios.
En plena alerta roja por el temporal de borrasca Harry, dos trenes de Rodalies descarrilaron casi en simultáneo en las provincias de Barcelona y Girona, dejando un saldo de 36 heridos, varios en estado grave, y la muerte de un maquinista.
El hecho más grave ocurrió entre Gélida y Sant Sadurní d’Anoia, en Barcelona, cuando un muro cayó sobre las vías y provocó el descarrilamiento de un tren de la línea R4.
Allí se contabilizó la mayoría de los heridos y el fallecimiento de uno de los aprendices que viajaba junto al maquinista en el primer coche.
El Sistema d’Emergències Mèdiques (SEM) desplegó 20 ambulancias y los bomberos de la Generalitat enviaron 38 dotaciones con más de 70 efectivos para asistir a las víctimas.
En Girona, otro tren de la línea R1 descarriló tras impactar con una roca en las vías entre Blanes y Maçanet. Aunque el convoy perdió un eje, los diez pasajeros que viajaban resultaron ilesos.
La circulación ferroviaria en ambas líneas quedó suspendida “hasta nuevo aviso” y Renfe habilitó un servicio alternativo por carretera.
Los hospitales de la región recibieron a los afectados: cinco en estado grave, seis en condición moderada y el resto con lesiones leves.
Protección Civil activó el plan Ferrocat y montó un centro de encuentro para familiares en Sant Sadurní d’Anoia.
Estos hechos se producen apenas dos días después del trágico descarrilamiento en Adamuz, Córdoba, que dejó 39 muertos y más de 150 heridos, aumentando la preocupación por la seguridad ferroviaria en España en un contexto de fenómenos climáticos extremos.

