Un equipo de la Universidad de Buenos Aires lleva más de una década estudiando las propiedades neuroprotectoras de la yerba mate. Los resultados obtenidos hasta ahora muestran que algunos de sus compuestos ayudan a proteger las neuronas dopaminérgicas, las células que mueren progresivamente en pacientes con Parkinson, y podrían retrasar la aparición de los síntomas de la enfermedad.
La investigación está encabezada por Juan Ferrario, docente e investigador de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, quien recordó que el hallazgo inicial fue un “momento Eureka” al observar un fuerte efecto protector en laboratorio. Desde entonces, el trabajo se orientó a comprender los mecanismos biológicos detrás de ese fenómeno.
Los estudios demostraron que el mate favorece la regulación energética de las células y activa la autofagia, un proceso de limpieza interna que elimina desechos y proteínas dañadas. Esto contribuye a la supervivencia neuronal, la conservación de las conexiones sinápticas y mejoras motoras en modelos animales.
El foco está puesto en el ácido clorogénico, un polifenol antioxidante que representa cerca del 40% de los componentes químicos de la infusión. Este compuesto activa la enzima AMPK, clave para el equilibrio energético celular, y estimula la autofagia. Los experimentos incluyeron líneas neuronales, cultivos de neuronas dopaminérgicas y moscas Drosophila con Parkinson inducido, mostrando menor pérdida de conexiones sinápticas en los ejemplares alimentados con mate.
Los resultados más recientes, obtenidos en ratones que reemplazaron el agua por mate, revelaron una protección neuronal cercana al 12%. Aunque no pueden extrapolarse directamente a humanos, sugieren un posible retraso en la aparición de la enfermedad. El equipo destaca la importancia de hábitos saludables como alimentación equilibrada, descanso, actividad física y consumo moderado de alimentos ricos en compuestos beneficiosos, entre ellos la yerba mate.

