El Strudel Fest: Una delicia de festival

Vicky Morinico para FLA MEDIA

El primer finde de marzo se llenó de sabores, cultura, ancestralidad y un récord superado. Es que miles de visitantes pudieron disfrutar de la tan afamada Strudel Fest en Santa María, partido de Coronel Suárez. Esta Colonia ha crecido tanto en oferta cultural, que fue declarada Pueblo Turístico por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires en 2010.

Esta colorida experiencia gastronómica y cultural tiene como finalidad rescatar, promover y mantener vivo el legado de los primeros inmigrantes que llegaron desde las inmediaciones del Río Volga, en la región sur de Rusia.

Destaca la detallada preparación (desde meses antes), organización, ambientación y desarrollo del Festival que crece cada año. De hecho, esta fue la novena edición, y refleja con creces el nivel de entrega que el Pueblo de Santa María tiene para con los amantes de las fiestas populares.

Los descendientes de los Alemanes del Volga se lucieron al cumplir cada una de las actividades del cronograma al pie de la letra, haciendo que la experiencia sea amena, práctica, y sumamente disfrutable. O sea, una vez llegado al lugar, la única ocupación es comer rico, tomar buena cerveza, bailar al son de bandas tradicionales y de géneros varios, y pasar un buen momento con amigos y/o familia.

Entre el activo y abundante público asistente (con muchísimos habitués y entusiastas del Festival) destacaban visitantes de la región del Cono Sur de la Provincia de Buenos Aires (abundaron turistas de Pigué, Olavarría, Bahía Blanca y Huanguelén) y de otras provincias, principalmente, de las vecinas La Pampa y Córdoba. Todo límite geográfico fue derribado por el sentir común de la alegría, las ganas de celebrar el nuevo récord gastronómico (se logró superar el anterior de 66 metros por el de 71,9 metros de largo) y la alegre música del tradicional acordeón.

Grupos de reposeras estratégicamente colocadas a la sombra de la Parroquia Natividad de María Santísima, disfrutaron almorzando comídas típicas: salchicha alemana con Chucrut; el exquisito Varenick (una especie de raviolón dulce relleno de ricota) y merendando unos mates con el rey de la fiesta: el Strudel.

Tal es el furor por esta preparación tradicional, que, a parte del Strudel gigante que se reparte gratuitamente entre los miles de asistentes, el que estaba disponible para la compra se agotó a media tarde.

Las palabras que se reflejaban en los rostros de los visitantes fueron “asombro” y “emoción”, ya que en este gustoso Festival se pueden palpar (y saborear) los resultados del hacer colectivo y en comunidad. Desde la convocatoria para participar en hacer el Strudel gigante (que se suele agotar en pocas horas), al momento de convidarlo a los expectantes asistentes, se puede vivenciar el porqué de la devoción a este símbolo de la ancestralidad del Pueblo Santa María: al presenciar el proceso del armado, medición y horneado del Strudel, pareciera que se viaja en el tiempo y se vislumbran desdibujadas las laboriosas manos de los primeros inmigrantes, allá por 1887.

Si de viajes en el tiempo se trata, al pasear por el festival, queda de paso La Casa del Fundador, un museo en donde se recrea la vivienda y el estilo de vida a finales del siglo XIX. En su amplio y puntilloso jardín se pueden probar platos típicos, como el Kreppel, una especie de torta fritas dulce, reconfortante compañera del argentino mate de la tarde. También se puede participar en juegos tradicionales, y (haciendo honor a las raíces alemanas) comprar cerveza artesanal bien fría.

El despliegue no sólo es gastronómico (hay beer trucks y carros de comidas con delicias para todos los gustos y necesidades, incluso para personas celíacas), sino que se suma la presencia de casi 2 cuadras de puestos de artesanías e indumentaria, con tentadoras ofertas y variada mercadería. Consejo: conviene llevar efectivo ya que hay poca conectividad en el pueblo.

Asistir al Strudel Fest es una experiencia absolutamente recomendable desde varias aristas. Es una celebración libre y gratuita, enormemente convocante que tiene un impacto directo en la economía del distrito. Apoyada por la Provincia en un contexto que va en detrimento de las Fiestas Populares, el mensaje es claro: el derecho a celebrar y disfrutar es de los pueblos, tanto de sus habitantes como visitantes, que en estos encuentros construyen y fortalecen el tejido social identitario, histórico y económico.

Queda en el Pueblo y los asistentes la estela de la alegría que deja esta Fiesta Cultural impulsada por los propios vecinos de la Colonia, quienes convidan con orgullo sus tradiciones a sus visitantes anuales. Es que damos fe: una vez que se conoce esta Fiesta Popular, lo único que podemos pensar es en volver a la próxima. Que así sea.





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