La gastronomía atraviesa una crisis marcada por la caída del consumo, el menor poder adquisitivo y la baja en el turismo.
Empresarios advierten que el sector perdió entre 30% y 40% de clientes, en comparación con dos años atrás. El ticket promedio es el más bajo de este periodo con una fuerte dependencia de promociones.
Estrategias como menús ejecutivos, descuentos con bancos y platos para compartir buscan sostener la actividad, aunque la rentabilidad se ve afectada por alquileres elevados, suba de insumos y presión tributaria.
Pizzerías y bodegones resisten mejor gracias a su relación precio-calidad, mientras que la cocina de autor y restaurantes de especialidad sufren más la retracción.
El turismo reducido golpea especialmente a corredores gastronómicos de Buenos Aires, con caídas de facturación de hasta 50% en algunos barrios.

